lunes, 1 de noviembre de 2010

Calaverita para Juan

Por Marina Guigui

Juan Carlos Juárez Carrillo tratando de escribir estaba,

las palabras no llegaban, sin diccionario se encontraba.
Una noche misteriosa la muerte se le acercó
y le dijo – ¿porqué sufres? Mi diccionario aquí está
y ahí de donde vengo, muchos libros has de encontrar
Así que dame la mano que al campo santo te he de llevar-.
Juan Carlos temeroso, una mueca puso en el rostro.
La huesuda divertida, de la mano lo tomó
y sin verbo ni adjetivo
a la tumba lo llevó.

domingo, 31 de octubre de 2010

Marina y su castigo (Calaverita)

Por Juan Carlos Juárez Carrillo

Marina se disponía, un viernes por la tarde salir,

lo que ella nunca sabría,
es que esa tarde habría de morir.


Un espectro estaba planeando,
coludido con el ángel Gabriel,
con una treta la iría engañando,
hasta al infierno llevarla con él.


El espectro como un escribano,
a Marina la muerte tentó,
le pidió que le hechara la mano,
con un cuento que él inventó.


Un cuerto corto ella le dió,
esperando su obra fuera publicada,
la fría emocionada se sonrió,
y le dijo: ¡ya te llevó la tostada!


Tus letras tienen mucha ironía,
hasta el diablo estaría contento,
pero como ya yo sabía,
algo tan corto ¡no es un cuento!


Ahora Marina está en el averno,
y como compañero un tal caracól,
sufriendo la pobre el castigo eterno,
sin poder cambiar ese viejo rol.

Pobrecita Marina,
ya puedes llorar,
no sirve de nada,
pues ya la baba... se te va a desbordar.


Con mucho cariño y respeto para mi amiga Marina Guigui

Cuando la inspiración se va

Por Marina Guigui

Ya van cuatro veces que borro estas letras, ¿es que no se te va a ocurrir nada? ¡No vas a poder enviar el manuscrito a tiempo otra vez! hace mucho que no se te ocurre nada bueno, ¿no puedes terminar ni siquiera un párrafo? Bien me lo decían cuando empecé en esto, un día tu musa se va a ir, te va a dejar a la deriva. ¡Bah! Esas son tonterías, todo está en la imaginación, en el conocimiento, en la práctica pensaba yo, que tonto he sido. Soy un maldito escritor fracasado, no puedo hacer nada bien, ni con mi familia, trabajo, investigación y mucho menos con estas letras. Pero qué puede hacer uno cuando apenas le alcanza el dinero para comer, la pobreza es como una enfermedad terminal, puedes nacer con ella o adquirirla a lo largo de la vida y sólo termina con la muerte, no hay esperanzas para ningún pobre diablo y menos uno como yo, escritor, qué quiere decir ser escritor; ser escritor es morirse de hambre, es depender de la fascinante creatividad que termina, tarde o temprano por abandonarnos, quiero decir, por abandonarme. Ya ni siquiera las lágrimas salen de mis ojos, estoy seco, por dentro y por fuera. Creo que sería mejor morir, si, morir aquí, en este mismo momento, solo con mi fracaso, solo con esta humanidad bastarda y sucia que la propia muerte no podría limpiar. Todo quedará escrito, en los diarios, en la radio y probablemente hasta en la televisión, los titulares dirían más o menos así: fracasado escritor aparece muerto en una vieja bodega. Probablemente en menos de 24 horas descubrirían que la causa de la muerte fue un vil suicidio. Un escritor debe morir de una forma artística, melodramática, un crimen pasional, un suicidio… ¡No!, el suicidio es poco elegante, no tiene clase, suicidio… ¡Suicidio! Todos hablarían de cómo este pobre escritor decidió terminar con su vida... Aunque... ¿Por qué no? Puede ser una forma de que mis textos regresen a los escaparates, de que resurja de las cenizas, del olvido… ¡Sólo después de la muerte se puede resucitar!

FIN

martes, 14 de septiembre de 2010

EL CONTADOR DE HOJAS

Por: Marina Guigui

El despertador suena a las siete de la mañana, como todos los días desde hace 23 años, Juan se levanta y casi instintivamente se mete a bañar, el agua sale fría, este mes no le alcanzó para pagar el gas pero no puede llegar al trabajo oliendo a gato muerto. La tortura del agua helada termina y temblando sale a ponerse los mismos pantalones café de todos los lunes. A las ocho sale de su pequeño departamento al que el llamaba no tan cariñosamente mi pocilga, para dirigirse a cumplir con su horario de trabajo en esa horrible oficina del gobierno dónde diariamente tiene que soportar a un jefe 20 años más joven que él, que apodan el caracol pues todos saben que llegó a ese puesto por recomendación y no por sus propios méritos. Juan, desganado llega a la oficina y descubre que alguien dejó en su escritorio 8 cajas con expedientes y una nota que citaba: Juan, favor de contar las hojas de cada expediente. Salí al banco. -El pan nuestro de cada día, contar esos malditos expedientes, bueno, como si no tuviera la capacidad de realizar un trabajo con un mayor grado de dificultad, ¡Contar hojas! ¡ya estoy cansado de ser el pobre viejo contador de hojas!, y es imbécil no piensa llegar a trabajar, claro, como es amigo del jefe, pocas veces se digna a presentarse en la oficina-


-Juan buenas tardes, como van esos expedientes-
-vaya, primera vez que pregunta por el trabajo-
-qué dijiste-
-dije que ya estoy harto de usted, un pelele inepto-
-¿Juan que haces?-
- lo que debí hacer hace mucho tiempo-
- no... no... cálmate, vamos a hablar, seguramente podremos encontrar una solución, todo tiene solución-
- Solución, la única solución es librar al mundo de una rata inmunda como usted-
-Por favor... -

Después de un estruendo, llegó la calma. Una mujer que pasaba por ahí quedó horrorizada al ver la cara deforme de un hombre que hace un minuto respiraba. El charco de sangre se hacía cada vez más grande.

Juan salió de la oficina con una pistola en la mano izquierda y una sonrisa en su rostro, nadie lo miró, nadie lo detuvo...

Hoy, ya no pude imaginar

Por: Marina Guigui
Hoy, sucedió una desgracia, una verdadera tragedia, de esas narradas por Horacio Quiroga o Edgar Alan Poe en sus historias, el evento ocurrió como a continuación narro desolada. Caminaba por la gran ciudad de México en la lateral del periférico, hacia bastante calor, no traía ni un peso en la bolsa y apenas era mitad de quincena, ya estaba muy cerca de llegar al trabajo, una oficina de gobierno en la que acababan de cambiar la administración, su primera tarea era correr a la gente que ya se encontraba trabajando ahí, no importa si eran secretaria, archivistas o jefe, si eran joven o viejos, la idea era meter a su “gente de confianza”, muchos trabajadores perdieron la oportunidad de jubilarse estando incluso a meses de tener derecho a ello; tengo miedo de perder el trabajo y no ser capaz de encontrar otro que me permita pagar la renta y la manutención de mi hijo. Miré el reloj y constaté que faltaban veinte minutos para las nueve de la mañana, era aún temprano, la puntualidad es algo que me caracteriza; en los 6 años de trabajar ahí, no había llegado ni un minuto tarde, ni siquiera el día que mataron a mi esposo en ese asalto, él se levantó como cualquier otro día, hizo las 800 abdominales que acostumbraba y se metió a bañar; ese día no desayunamos juntos porque los niños tenían que llegar más temprano que de costumbre a la escuela, hiban a visitar Teotihuacán, estaban realmente emocionados, salimos y me dejó cerca de la parada en la que pasaba mi autobús. Faltaba un semáforo para que llegaran, cuando un tipo con un pasamontañas cubriéndole la cara y con una pistola en la mano apuntó a la cabeza de mi esposo, uno de mis hijos, el más pequeño, comenzó a llorar, contagiando a los demás, mi esposo trató de calmarlos y les dijo que salieran del automóvil, el mayor que se encontraba adelante bajó inmediatamente, mi esposo hizo un movimiento para poner a salvo a los niños que se estaban en la parte de atrás, pero el ladrón se confundió y le disparó, aventó el cuerpo de mi esposo a la calle, se subió al coche y se fue. Mis hijos menores no pudieron bajarse, desde ese día no los he vuelto a ver, todas las noches sueño en encontrarlos, todos los días trato de no pensar. Para llegar, tenía que cruzar un puente peatonal, la música que seleccionaba mi reproductor ya me había cansado, harta, me quite los audífonos, comencé a subir las escaleras del puente tratando de sortear la basura que se encontraba ahí tirada, levanté la cara y miré la enorme bandera que blandía sobre mí, los brillantes colores, verde, blanco y rojo eran impecables, hermosos, vibrantes, su grandeza y esplendor contrastaban con el tráfico, los camiones que llenaban el aire y los pulmones de la gente con humo, las bolsas de basura tiradas en el suelo y unos jóvenes inhalando con la mirada perdida. Caminé, llegué a la mitad del puente y observé los coches que iban y venían con premura, de pronto traté de recordar cómo era mi vida un año antes, me levantaba, desayunaba con mi esposo, llevábamos a los niños a la escuela y luego, él, me llevaba al trabajo, nos despedíamos con un acostumbrado beso, pasaba todo el día en la oficina, en la noche mi esposo y mis hijos pasaban por mí, cenábamos todos juntos contándonos lo que nos había ocurrido. Hoy estaba parada a la mitad de un puente peatonal… sola… cerré los ojos para sentir que nada había cambiado, que me encontraba con mi familia, y lo único que pensaba era en los folios y expedientes que debía capturar, el jefe nefasto que tendría que soportar y que no tenía dinero para comer ese día. Abrí los ojos e hice un segundo intento por aliviar mi dolor, y entonces caí en cuenta: hoy, ya no pude imaginar.

lunes, 1 de febrero de 2010

Volando

Por: Marina Guigui

(Introducción: Lino, lana, algodón, seda… fresca caricia al contacto con la piel, un suave rozón y un pedacito de tela sale volando sin control por los aires, posándose en otra prenda de vestir, encontrando un lugar parecido a ese de donde proviene. La vida de una pelusa es inesperada, emocionante y totalmente absurda).


Salgo temprano por la mañana, pensando, distraída en un mundo hostil y distante, que no deja cabida para la expresión de ningún tipo. Voy a una velocidad que no soy capaz de controlar. Sin esperar nada de nadie me subo a un camión, medio de transporte bastante común y utilizado por un amplio número de población. No encuentro lugar para sentarme, así que permanezco parada tensando mi cuerpo para no caer por el violento vaivén del movimiento. Voy escuchando el ruido que se forma de las personas que van sentadas platicando, otras vendiendo, el sonido de las agujas de la señora que va tejiendo algo, la música que el conductor viene escuchando para amenizar su día de trabajo, una canción un tanto folklórica de esas que gustan mucho al pueblo. Yo, me meto en mi misma tratando por un momento de encontrar paz ante este alboroto cotidiano, cuando casi sin sentir una brisa de aire, no tan fresco y un tanto contaminado me empuja y voy a caer en los pantalones de un señor que se encontraba sentado sin moverse observando a las señoras que suben al camión sin cederles el lugar, ellas ya están acostumbradas a que cada quien ve por sí mismo.

La mujer en la que venía pegada llega a su parada y se baja de ese autobús, con cara de alivio por haber terminado su travesía. Yo por el contrario me quedo con ese extraño, vestido de pantalón café y una chamarra negra, es una persona algo rara. No sé cuánto tiempo pasó pero sentí un movimiento brusco, el hombre se estaba levantando para indicarle al conductor que se detuviera y así poder bajar y continuar su camino, pero ignoró la solicitud de parada y en lugar de detenerse, aumentó la velocidad, el hombre de tez morena se encendió en cólera y empezó a gritar unas cosas que no pude entender, por fin el camión detuvo su marcha y pudo, después de un par de cuadras continuar con su camino.

El hombre caminó por algún tiempo, mientras el sonido de ambulancias lejanas interrumpían la momentánea calma de la ciudad, coches a vuelta de rueda con conductores fastidiados circulan a nuestro lado; el cielo se encuentra de un color grisáceo, contaminado. El hombre detiene su caminar para sentarse en el piso, sobre una jerga vieja, saca de su mochila un viejo y desafinado violín, pone a su lado un recipiente plateado y comienza a interpretar los primeros acordes de una melancólica canción.

Una niña vestida de rosa con unas coletas en el pelo y una mochila a su espalda se acerca al músico y lo observa por un momento, hasta que una señora vestida muy elegante con un traje azul marino, impecablemente maquillada y peinada corre a encontrarse con esa personita de cabello oscuro y sonrisa amplia que mira atenta como el hombre termina de tocar una pieza; la señora lanza una monedita dorada con plateado que provoca una pequeña brisa que me empuja nuevamente y salgo volando por los aires cayendo en la manga de esa mujer misteriosa. La señora de la mano de la niña va hablando por celular en una lengua que no entendí, parecía que estaba balbuceando como cuando un niño está aprendiendo a hablar, de pronto la mujer y la niña se despiden y la pequeña entra a un lugar donde hay mucha gente chiquita con mochilas a las espaldas y unas señoras amables en la entrada regalándoles una sonrisa. Ella continúa su camino, por supuesto que conmigo como compañera, camina y vuelve a pasar junto al violinista pero en esta ocasión decide ignorarlo y seguir.

No pasó mucho tiempo cuando subimos a otro vehículo, este no tenía nada que ver con el camión en el que había viajado hace unos momentos, este auto de vestiduras de piel y aire acondicionado, era realmente agradable, la música que escuchaba la señora era de un gusto exquisito, no tenía ninguna queja con ese delicioso ambiente. La mujer parece empezar a desesperarse, mira su reloj de pulso constantemente, el auto se mueve muy lentamente. El teléfono comienza a sonar casi al mismo tiempo que un chorro de agua jabonosa cae en el parabrisas, ella deja el teléfono casi por instinto e intenta decirle a un niño -de piel oscura, sucio con una playera vieja, gris y húmeda que brincó en el cofre del auto para intentar limpiar el parabrisas por una moneda- que se aleje y baje de su auto pero ya es demasiado tarde, el niño termina su trabajo en el tiempo que le permite el semáforo en rojo y se acerca a la ventana de la conductora quien de malas le entrega unas monedas. El tráfico se hace menos y podemos avanzar un poco más rápido, después de un rato el auto se detiene y bajamos de él, alejándonos poco a poco.

La mujer cambió totalmente su semblante al llegar a un mostrador, con gente que le era muy familiar, comenzó a hablar sobre el trabajo, le gustaba pero a veces el estrés era demasiado; llegó un hombre de aproximadamente 30 años de edad que la saludó muy amistosamente, traía dos maletas y un sombrerito azul que destacaba su personalidad. Este hombre le dio la mano seguida de un beso –extraña costumbre- situación que me obligó a adherirme a ese sombrero, después de eso sólo alcancé a escuchar “buen viaje”.

Caminando por pasillos estrechos estaba, mucha gente parecía conocer a este hombre que no quitaba la sonrisa de su rostro. Seguimos caminando hasta que llegamos a un mostrador con otra dos personas vestidas de azul marino, con un tono muy amistoso, repitiendo las palabras que la otra señora había mencionado antes “buen viaje capitán”, sin responder más que con un elegante movimiento de cabeza, el hombre ingresó por otros pasillos que más bien parecían laberintos hasta que por fin llegamos a un vehículo e ingresamos a una pequeña cabina con un tablero lleno de luces, botones y un volante; otras dos personas se encontraban en ese lugar, otro hombre con un sombrero muy parecido al de la persona con el que me encontraba y una joven, vestida con una falda azul marino y blusa blanca, que hacían resaltar sus ojos claros. Unas risas se escucharon en la cabina, cuando el piloto recibió el aviso de la torre de control en el que les informaban que era momento de despegar por la pista dos. No entendí que es lo que quería decir eso, pero unos momentos más tarde nos empezamos a mover, poco a poco, hasta que el avión se detuvo por completo. El piloto inició una cuenta regresiva –con un tono divertido- 5…4…3…2…1… ¡y arrancan!- Y el avión se empezó a mover nuevamente, pero ahora aumentaba la velocidad, un ruido muy fuerte cortaba la calma del ambiente; el avión se empezó a elevar más y más mientras yo recuperaba el aliento. El viaje duró mucho tiempo, no puedo definir cuanto, perdí la noción del tiempo al notar que las nubes se encontraban tan cerca de nosotros que casi se podían tocar.

El piloto anunció que nos encontrábamos a punto de aterrizar en un lugar llamado París, según dicen la ciudad de los enamorados. Los hombres salen de la cabina y despiden a los pasajeros dando la mano a algunos de ellos. Cuando un joven de sweater rojo se acerca y da las gracias al capitán por el buen viaje, yo nuevamente salgo volando para posarme en esa prenda. El joven va de la mano de una muchacha, se la pasan sonriendo y acariciándose el rostro cada vez que pueden.

Un par de personas, al verlos los saludan emocionados. En el calor de la bienvenida salgo nuevamente volando, para caer en la alfombra de ese lugar. Me quedo quieta, observando como esas personas se alejan y como otras llegan.

FIN

Tengo Sueño

Por: Marina Guigui

Tengo sueño, los ojos se me cierran lentamente, trato de luchar contra esa relajación irresistible, inútil empresa. Me levanto, camino unos metros, respiro profundo pero sin lograr mi cometido. Me siento nuevamente en mi lugar… ese sueño inmenso regresa a mí, como abejas a la miel. Decido ir al baño a mojarme la cara a ver si de esa manera el sueño me libera. Funciona, pero sólo por unos minutos, porque el sueño vuelve necio. Estoy desesperado, pocas cosas son más desagradables que tener sueño y no poder irse a dormir. Después de una lucha casi interminable, el reloj marca la hora de salida. Me levanto, guardo mis cosas y decidido me dirijo a mi casa, todo el camino voy pensando en lo confortable que es mi cama… mis almohadas… suave edredón de algodón egipcio. No puedo más, lo único que me interesa en este momento es llegar a mi cama, acostarme y cerrar los ojos. Cada vez falta menos, por favor que el semáforo se ponga en verde, rápido que no resisto.


Por fin, mi cama, acostarse en ella es como dejarse caer en una nube esponjosa, suave, el nivel de confort no puede ser mejor. Cierro los ojos y descubro con terror que el sueño me abandonó.

FIN

viernes, 15 de enero de 2010

EL FUTURO VIENE DEL NORTE

Por: Marina Guigui


Lunes, 1 de Enero de 2033, me encuentro parado en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, de un lado observo la pirámide del templo mayor, del otro el Palacio Nacional que es el restaurante más exclusivo del País, los únicos que tienen acceso a el, es la alta sociedad mexicana. Recuerdo que cuando era estudiante de derecho me gustaba entrar a ver los murales y visitar los salones en dónde se hacían las leyes, me siento privilegiado porque pude vivir esa experiencia; hoy las cosas han cambiado, -piensa con nostalgia-. Mi estómago me empieza a molestar y a hacer un ruido extraño, no recuerdo cuando fue la última vez que comí. José saca de la bolsa de su pantalón de mezclilla, unos dólares pero no le alcanza para saciar su hambre ni su sed; recuerda el olor de la comida de su madre cuando llegaba de la escuela: pollo con mole, caldos, salsas, todo un festín, o eso le parecía a él. Hoy todos comen basura que desperdicia la gente rica, la carne está contaminada y el agua es difícil de conseguir. Muchos han muerto por tomar agua sucia y alimentos descompuestos, ya casi no hay niños y los pocos que quedan están en los huesos; nadie sonríe, las escuelas han cerrado, la mayoría ha muerto o emigrado, yo sigo aquí porque me resisto a abandonar la tierra que me vio nacer, además ya soy viejo para un viaje de ese tipo y no me quedan fuerzas.

José se recuesta un momento y calmado observa el cielo gris, llega un grupo de militares, lo golpean violentamente y apuntándole con un arma, lo obligan a hincarse sobre sus cansadas rodillas. El viejo levanta la cara y antes de recibir el inminente impacto de la bala que terminará con su sufrimiento observa majestuosa, brillante, llena de color hondeando en el asta la bandera azul y roja, con barras y estrellas.

jueves, 2 de julio de 2009

EL FIN DE LOS TIEMPOS

Por: Marina Guigui

Me encontraba en mi habitación un día como cualquier otro, recorrí la cortina que cubría la ventana, y observé en lo alto, una línea formada por una especie de telescopios de color negro, flotando en el aire uno detrás de otro; mucha gente estaba afuera a pesar de la inundación, bien se podría nadar en los charcos.

Salí de mi casa, todo era tan extraño; una mezcla de miedo, curiosidad e incertidumbre, todos y todo se encontraba paralizado, no saber si a continuación venía una explosión o si se trataba de un mensaje de paz nos tenía preocupados. De pronto, toda el agua que estaba cubriéndonos hasta las rodillas, empezó a desaparecer rápidamente, se comenzaron a escuchar gritos de angustia de algunas personas, que al igual que yo, no entendían que es lo que estaba pasando; algunos pensaban que había llegado el fin del mundo, y de cierto modo así fue.

La tierra empezó a temblar, el terror siguió invadiendo mi cuerpo, pero no corrí, no grité simplemente me quedé paralizada recargada en la pared; cuando sentí un frió terrible en los pies, volví la cara dándome cuenta que el agua estaba regresando, ¿qué es lo que pasa? me preguntaba; ésta cubrió nuevamente mis rodillas, pero no se quedó ahí, continúo subiendo más y más, envolviendo mis brazos, mi cuello y mi cara, cosa que me obligó a nadar y sostenerme de lo que estuviera más cercano a mi para no ahogarme. Sin más, la inundación se detuvo yo seguí flotando igual que todos los demás que no paraban de gritar y de tratar desesperadamente de sostenerse de algún lugar.

En medio del caos esos pequeños aparatos comenzaron a sumergirse poco a poco, la desesperación invadió el ambiente, cuando esas cosas tocaron el agua sentí un dolor muy agudo en todo mi cuerpo ¡nos están electrocutando!, Dios mío, los muertos empezaron a flotar, hombres, mujeres y niños, todos calcinados con muecas de dolor en el rostro ya sin vida, de pronto todo se detuvo, esas máquinas salieron del agua y sin más, a una gran velocidad se alejaron de nosotros.

Cada ves que se ve a alguna persona con cicatrices, el mundo revive con horror y miedo, ese fatídico día en que pocos logramos sobrevivir al ataque extraterrestre. Cada día lluvioso nos recuerda la fragilidad de nuestra existencia.

viernes, 12 de junio de 2009

EL SOL BRILLA A MI ALREDEDOR PERO NO SIENTO CALOR, EL FRIO INVADE MIS ENTRAÑAS, NO PUEDO PENSAR ANTE ESTOS SENTIMIENTOS; TE MIRO REPASANDO TUS OJOS... TE ESCUCHO Y LAS PALABRAS QUE SALEN DE TU BOCA NO SON LAS QUE QUERÍA OIR.


Marina Guigui

miércoles, 25 de febrero de 2009

El laboratorista

Por: Marina Guigui


7:00 a.m.- Ignacio llega a la oficina de servicios escolares de la universidad, con la esperanza de alcanzar un buen horario de clases y de encontrar lugar en los salones con los mejores profesores, cada minuto que pasa también pasa la esperanza de obtenerlo, delante de el hay por lo menos 30 personas que se reunieron ahí por la misma razón.

7:45 a.m.- Una voz despierta a Ignacio de su ensueño, es su turno de entrar a la oficina con los muy “agradables” empleados escolares que parece que están cumpliendo una condena al trabajar ahí. –No es mi culpa que no les guste su trabajo- dijo casi imperceptiblemente. Entró a la oficina y se encontró de cara con una señora que le sobraban varios kilos y que parecía igual de malhumorada que todos los demás.
-¿Semestre? –dijo la señora con un tono mandón.
-Cuarto semestre... pero quiero saber si todavía hay lugar en...
-Aquí esta su horario- dijo sin dejar a Ignacio terminar de hablar. Ella le entrego un pedazo de papel.
-Siguiente- gritó.

7:50 a.m.- Ignacio sale muy molesto de la oficina observando el papel que le entregaron hace un momento. En su mente empieza a leer repetidamente lo que el papel que tenía en las manos decía:

07:00-08:45 Física III
09:00-10:45 Química orgánica
11:00- 12:45 Matemáticas aplicadas
16:00- 18:45 Laboratorio clínico

-Bueno es un hecho que no llegué a mi primera clase- dijo con molestia, por la previa interacción que tuvo con la no muy amable dama de servicios escolares.

8:57 a.m.- Llega al salón correspondiente a su muy esperada clase de química orgánica, el salón estaba lleno, por lo menos había 40 alumnos ocupando bancas, Ignacio encontró una vacía al fondo del salón, la cual ocupo lo más rápido que pudo. El profesor se encontraba sentado en su escritorio mirando con escrutinio al grupo de alumnos que se disponían a tomar la clase.
-Gonzáles otra vez aquí- dijo con voz fuerte el profesor.
-¡Ya que! Contestó con ironía.
Ignacio sólo observaba ese teatro innecesario mientras pensaba que no conocía a nadie -eso me pasa por haberme dado de baja tanto tiempo- dijo con resignación.

11:00 a.m.- Ignacio está a punto de entrar a su salón de matemáticas aplicadas cuando escucha una voz conocida a sus espaldas que lo llama por su nombre; el voltea y ve que su amiga Erika lo saluda desde lejos. A Ignacio le dio mucho gusto por fin ver a alguien conocido así que se acercó para corresponder a su saludo y platicar un momento con ella.
-Erika ¿Cómo estás?...
-Muy bien- dijo ella –que gran sorpresa verte aquí-.
-Pues si, decidí regresar a la escuela, ya era mucho tiempo de andar como parásito, que te parece si nos vemos a la una y comemos juntos para ponernos al corriente, porque ahora tengo clases con el divertido maestro de matemáticas.
-Me parece perfecto, te veo aquí mismo a la una.

11:10 a.m.- Ignacio se para en la puerta del salón -¿puedo pasar?- -Con falta- dijo el profesor con un tono harto casi tan molesto como la señora de la mañana. Entra y se acomoda en una banca, en realidad no le molestaba tanto el hecho de tener falta como el tono que usaba su calvo y chaparro maestro al hablar. Al estar escuchando la clase, no dejaba de pensar en lo aburrido que estaba; los minutos pasaban cada vez más lento, Ignacio se empezaba a desesperar cuando el viejo dinosaurio de las matemáticas terminó la cátedra de ese día, una sensación de tranquilidad y bienestar lo invadió por completo.

01:00 p.m.- Ignacio estaba parado en el lugar dónde había pactado encontrarse con su amiga cuando su celular suena...
-Bueno
-Nacho, hola habla Erika.
-Que pasó, te estoy esperando donde quedamos.
-Perdóname la vida por favor, no voy a poder llegar tengo un problema con mi horario y estoy en servicios escolares tratando de arreglarlo ¿nos podemos ver mañana?
-Si quieres- Dijo desilusionado.

02:00 p.m.- Ignacio esta sentado a un lado de las canchas de básquet comiendo un sándwich y una coca cola mientras esperaba que dieran las 4:00 p.m. y tuviera que entrar a su ultima clase del día. Cuando terminó de comer puso su cabeza en la mochila y se quedó dormido sobre el pasto; después de un rato dejó de escuchar el ruido que hacía el balón al botar, cosa que lo sacó de su sueño. Vio a su alrededor y no había nadie, miro su reloj y se dio cuenta que eran más de las 04:00, se levantó de un saltó y corrió derecho a su próxima clase.

04:15 p.m.- Ignacio llegó al laboratorio y sintió alivio cuando vio que la profesora no estaba todavía, así que entró y se sentó en una de las mesas, cuando se acomodó vio que el grupo era considerablemente más chico que el de las clases anteriores, sólo habían 6 mesas de trabajo con 6 alumnos en cada una. Después de cinco minutos por fin llegó la profesora Rosales que traía con ella una jeringas y unos frasquitos.

-Muy bien muchachos hoy vamos a empezar con algo básico que ya deben a estas alturas dominar al 100%, pero quiero cerciorarme por mi misma que en efecto tengan este conocimiento, sino, para solucionarlo en este momento; vamos a determinar tipo de sangre- dijo con un tono cordial que iba perfectamente con su apariencia bonachona.-bueno- continúo hablando –quién se ofrece como voluntario para recibir picotazos-.
Hubo un momento de silencio a lo cual la maestra agregó –Jesús... eres el elegido por los dioses-.

04:30 p.m.- Jesús se paró al frente de la clase a un lado de la maestra, era muy gracioso ver la cara de espanto que puso cuando la profesora se encontraba preparando la jeringa para enseñarles como debían tomar la muestra de sangre; Jesús se veía aterrado pero no podía retractarse sin parecer una mariquita. Una vez que nos enseñaron como debíamos hacer las cosas dijo la mujer –bueno ya vieron como, ahora todo a picar a Jesús-.

Los alumnos se pararon al unísono tomaron una jeringa de la mesa dónde se encontraban las cosas de la maestra y en un mismo tiempo rodearon a Jesús y empezaron a tomarle las muestras, Ignacio se quedó en su lugar esperando pacientemente su turno, estaba observando como se amotinaban alrededor de Jesús cuando alcanzó a ver como un chorro de sangre salía disparado del centro del círculo; Ignacio se asustó por lo que veía, no se suponía que saliera tanta sangre, se acercó para ver que es lo que pasaba, la maestra lo miró tranquilamente y le preguntó que si no pensaba picar a Jesús, pero el chico estaba sin palabras, aterrado al ver como sus compañeros enloquecían y le enterraban una y otra vez las agujas a su compañero, rasgándole la piel de la cara, los brazos y las piernas, Ignacio se quedó paralizado por un momento hasta que sintió ganas de vomitar, sensación que no pudo seguir reteniendo dentro de él cuando vio como una de sus compañeras tomaba un bisturí y retiraba el ojo derecho de Jesús con un movimiento rápido.
-Maestra ya tengo la muestra para la próxima práctica- dijo muy sonriente, mientras la profesora asentía.
Al parecer no eran suficientes las agujas así que todos siguieron el ejemplo de la muchacha y tomaron otros objetos para descuartizar al pobre Jesús.

Ignacio se alejaba inconscientemente al fondo del salón, cuando alcanzó la pared, su cuerpo no se resistió a la gravedad y se dejó caer al suelo. Desde donde estaba tirado alcanzaba a ver un charco de sangre que todos pisaban ensuciando sus zapatos, no podía respirar bien cuando la cabeza de Jesús salió rodando entre los pies de los muchachos y se detuvo a un lado de el observándolo sin ojos.

Levantó la vista y sus compañeros se alejaban del cuerpo destazado de Jesús cada uno con un manojo de visceras que cargaban como si fuera un simple pedazo de carne de res, lo pusieron en sus platos de pruebas y empezaron a mirarlos por el microscopio. Uno de los chicos le informaba a la maestra de la condición en que se encontraba Ignacio, todos los malditos curiosos bañados en sangre se acercaron a ver que es lo que tenía cuando por fin perdió todo sentido de si mismo y se desmayo.

7:15p.m.- Ignacio abre los ojos, se encuentra recostado en un pequeño cuarto pintado todo de blanco, se levanta dirigiéndose a la puerta, toma el picaporte pero éste no abre, empieza a desesperarse, no sabe que ocurre ni dónde esta, vuelve la cabeza y mira nuevamente el cuarto blanco en su totalidad, ve que las paredes están cubiertas como por almohadones suaves; se mira a si mismo y observa su ropa blanca ya deteriorada por el tiempo, lo embarga una sensación de desesperación al no tener idea de que es lo que el hace ahí y por la suerte que corrió Jesús en el laboratorio. Rendido regresa a la cama que esta en medio de la habitación o mejor dicho celda de manicomio y se sienta a esperar...

Ignacio escucha que alguien abre la puerta del cuarto, levanta la cabeza echa un vistazo rápido hacia fuera pero sólo alcanzó a ver un gran reloj que estaba colgado en la pared de enfrente que marcaban la 09:05p.m. cuando la puerta se hubo cerrado vio a un hombre que se acercaba a el, cual fue su sorpresa al reconocer en la cara de ese hombre de bata blanca a su compañero Jesús que hace unas horas habían destrozado en el laboratorio. Con lagrimas en los ojos y sin poder resolver como es que pudo haber sobrevivido dijo:
-Jesús, estás vivo-
-Si Ignacio, todavía ando por estos rumbos pero dime ¿como te encuentras?-
-¿En dónde estoy? Porque me encerraron a mi: yo no hice nada...

En ese momento entro una muchacha preguntando por el estado de Ignacio

-Informa que se tiene que aumentar la dosis de este paciente, ayer tuvo un ataque de histeria, todavía no sabemos que lo provocó.
-Si doctor, pobrecito tener que vivir sin poder ver la diferencia entre la realidad y alucinaciones...
-Si, es tan joven y pensar que la próxima semana cumple dos años de estar internado en este hospital.

Ignacio sin ninguna esperanza y sin entender que había pasado y porqué estaba en ese lugar se recostó nuevamente y cerro los ojos cayendo en un profundo sueño.

FIN

viernes, 6 de febrero de 2009

ETERNIDAD

Por: Marina Guigui


Las cabezas de hombre se asoman en el agua, miles de ellas, no importa a donde mire veo cabezas saliendo a flote para luego sumergirse nuevamente, quiero mirar al cielo y al tiempo que alzo la vista, mis ojos contemplan más cabezas colgadas en los árboles, serenas mirando sin mirar, cierro los ojos para ver en mi interior, y como si los tuviera abiertos vislumbro la misma barca dónde me encuentro navegando con un camino oscuro y solo frente a mi y las cabezas no dejan de mirarme burlonas, ya no sé si mis ojos están abiertos o cerrados, cosa que no importa porque me muestran la misma imagen de una u otra forma.

Empiezo a escuchar unas voces lejanas son como un canto, una alabanza que motiva a mis sentidos, agudizándolos, ahora veo más claro en la oscuridad de la noche, escucho todo como si estuvieran los sonido contándome un íntimo secreto, alcanzo a ver a un lobo que se acerca a la orilla a tomar agua del río, aúlla como si estuviera hablando conmigo yo aúllo en correspondencia, un escalofrío me hiela la piel, me abrazo a mi mismo para retirar esa sensación de mi cuerpo, cada vez hace más frío y me recrimino a mi mismo por no venir preparado a este viaje, ¡es una mentira que el infierno este ardiendo!.

Un grupo de murciélagos bajan al río a tomar agua para después estrellarse en mi barca sin razón, hacen un ruido ensordecedor, trato de taparme los oídos pero eso no termina con el ruido, quiero gritar, pero mi voz no sale de mi boca, me llevo las manos a la cara y lo único que siento es mi lengua que esta atrapada dentro de mi garganta y no puede salir, es un lucha letal, el lobo debió advertirme lo que pasaría, pero no lo escuché.

La calma ha vuelto no puedo decir que es más fuerte, el miedo o la curiosidad, ya no veo las cabezas, se han ido, es momento del té, no me acuerdo dónde puse la taza debe estar en esa bolsa al final de la lancha será mejor que me apresure antes de que vuelvan las cabezas y quieran robarme mi té, mis pies no se mueven, están pegados al piso, mamá ¿qué haces aquí? Pensé que no podía tener compañía pero gracias por venir, ¿quieres tomar té conmigo?, puedes pasármelo porque tengo los pies pegados al piso, déjame darte un beso, no recordaba lo suave que es tu piel, mamá tu cara se está deshaciendo en mis manos, y tu pelo se cae con sólo tocarlo, ¡tu no eres mi madre! otra vez intento gritar y no puedo, otra vez las cabezas miles de ellas están a mi alrededor, no quiero que me vean, ¡no me vean!, ¿que no me escuchan?, quiero que amanezca no soporto la oscuridad, no veo nada, ah ¿qué es eso? ¿quién está ahí?...

Debe ser que el agua está podrida esa pestilencia es insoportable, no puedo respirar, espero llegar a un lugar pronto, pero volteo y sigo sin ver nada, los cantos se siguen escuchando pero no veo a nadie, tengo sed, no soporto la sed, tanta agua a mi alrededor y no puedo beberla, aunque desde hace rato no huele mal, de este lado no debe estar contaminada, pero como le hago no traje vasos, tomaré en esa copa, no creo que al dueño le importe, se ve bastante roja el agua, deben haber árboles de hojas rojas por aquí, que sabor tan dulce tiene el agua, algún avión que transportaba azúcar seguro dejo caer la carga, la piel se me esta tiñendo de rojo ¡que agua tan fuerte!, ¿nadie habrá intentado patentarla? creo que me llevaré una muestra y me volveré millonario, no tengo frascos, tomare más y la orinare después en el laboratorio con eso bastará, debo llegar rápido antes de que mi cuerpo reaccione, escucho un ruido como unos golpes, mi lancha se mueve demasiado, alguien quiere voltearla para que caiga al agua, ¡son las cabezas!, ¡déjenme en paz!, ¡malditas cabezas! ¿qué les he hecho?, ¡no las conozco!; la calma regresó, otra vez el lobo me está mirando, quiere decirme algo otra vez no lo entiendo, debo aprender el idioma de los lobos, por que no lo aprendí en la escuela, pensé que era una perdida de tiempo, el frío empieza a hacerse todavía más fuerte, si tan sólo le hubiera hecho caso a mi mamá cuando me dijo que me pusiera un abrigo, que tonto he sido, ahora tendré que aguantar este clima de los mil demonios... -silencio total-... jajajajajajajajaja...jajajjajajajajja...jajajjajaja, ahhhhhhhhhh, tengo miedo, mucho miedo estoy paralizado del miedo, ¡no quiero estar aquí!, no quiero, odio estar solo y que es eso que se ve en la oscuridad, no quiero ver, ¡no quiero!, ¡no me toquen!, Dios mío ¡ayúdame!, veo una luz al final del camino, debe ser una señal, debo llega ahí, ¡sirenas!... pensé que sólo eran un cuento, que bellas son, se ven tan apetitosas, huelen tan bien, saben tan bien quiero probar un poco más, son tan deliciosas, satisfacen mi apetito de una manera tan sublime, casi podría pensar que estoy en el cielo, en la gloria, es tan confortante.

He perdido la noción del tiempo, no se que día es hoy o más bien que noche, la luz del día no tiene lugar aquí, otra vez ese olor pestilente, soy yo necesito un baño caliente, me voy a meter a nadar al río; que agua tan tibia, es deliciosa ahora entiendo porque esas cabezas estaban sumergidas, algo esta tocando mi pie, no, no, debe ser mi imaginación, ahhhh, el agua cada vez es más caliente, ¡me estoy quemando!, no puedo nadar algo esta agarrando mis piernas, ¡me arde!, necesito regresar a la lancha, no la veo, ¿dónde está la lancha?, mi lancha se perdió en la oscuridad, las cabezas me están viendo, no me vean, ¡váyanse!, no me hacen caso, ¡largo malditas!, empiezan a besarme, me da mucho asco, hago todo el esfuerzo por nadar a la orilla, ya casi estoy ahí, pero no logro alcanzarla, se aleja de mi, me duele mucho mi pierna ya debe estar muy quemada, por fin encontré una piedra y fui saltando hasta alcanzar la orilla, como me lo temía mi pierna derecha ya no sirve, esta totalmente quemada. Me senté a orilla del río y el lobo se me acercó y comenzó a comerse mi pierna quemada, que más da de todas manera ya no me sirve, es imposible de recuperar, un cierto placer recorrió mi cuerpo tras ese acto, el lobo siguió con mi brazo derecho, de todas formas tengo otro brazo, de haber sabido que ser comido por un lobo sería tan estimulante y placentero lo hubiera hecho antes, eso es todo lobo, vete, ¿qué? no te entiendo ¿que me quieres decir?, el lobo se me acercó más y empezó a comer mi otra pierna, y mi brazo, mi pecho, el dolor es insoportable, pero por alguna razón no muero, ¿porqué no me muero ya?, no soporto, ¡maldito lobo! pensé que éramos amigos cuando hablamos tiempo atrás, ya veo que me equivoqué, no debo confiar en nadie, el lobo por fin terminó conmigo y el dolor disminuyó, me lamió la cara que es lo único que se dignó a dejar de mi, con su hocico empujo mi cabeza al río, que al contacto con el agua roja después de un momento de alivio sentí un ardor indescriptible, mi cabeza se hundió en el agua impidiéndome respirar, de alguna manera tenia que salir de ahí, logre llegar a la superficie y alcance a ver una lancha, debe ser la lancha que perdí cuando baje a nadar, tengo que alcanzarla y ponerme a salvo, como pude me acerqué y salí a mirar, definitivamente no es mi lancha, pero tal vez ese hombre pueda ayudarme, ¿qué le pasa? ¿porqué no me da una mano?, parece asustado, es inútil tengo que encontrar una forma de salir, no otra vez esas cabezas, me persiguen, ¡no me toquen!, ¡no me sigan!, el terror me invade, no lo soporto, no me toquen, ¡aléjense!, quiero alejarme nadando y no puedo, sin brazos es muy difícil, quiero patear a las cabezas pero no tengo piernas, grito y mi voz se va haciendo cada vez más fuerte, las cabezas que están a mi lado también están gritando, deben querer callar mi voz con sus gritos, el sonido es como si estuviera en un coro cantando alabanzas, ¡no quiero cantar alabanzas!, estos gritos de desesperanza deben ser como un coro de ángeles para Satanás, me ha elegido a mi para formar parte del coro, debo estar honrado, otra vez tengo miedo, no quiero pertenecer aquí, ¡no debo pertenecer!, si tan sólo tuviera otra oportunidad no hubiera saltado de esa lancha, quiero regresar, ¡quiero otra oportunidad!, será mejor que me hunda, debe haber más calma en lo profundo, tengo sueño quiero dormir, el movimiento del agua me marea, si tuviera cuerpo saldría a vomitar, en este estado sólo siento un mareo que no puedo curar, no es una sensación tan desagradable, mis ojos no pueden más ha sido un día agitado, voy a cerrar los ojos un momento y...

¿Dónde estoy? ¿Hay alguien ahí? No escucho nada, creo que estoy perdido lanzaré el ancla para que me encuentren más rápido, cuanto tiempo me habré quedado dormido, pareciera que dormí una eternidad y a pesar de eso sigo sintiéndome cansado, hace frío, debí traer mi abrigo, cabezas de hombre se asoman en el agua, miles de ellas, no importa a donde mire veo cabezas saliendo a flote para luego sumergirse nuevamente, quiero mirar al cielo y al tiempo que alzo la vista, mis ojos contemplan más cabezas colgadas en los árboles, serenas mirando sin mirar...

Introducción a lo desconocido

Inexplotables pensamientos, acciones y hechos... la mayoría de las veces no entendemos el porque pasan las cosas... la vida, la muerte. Pero ¿debe haber un porqué?, si todo tiene una respuesta, ¿quién es el poseedor de ese tesoro invaluable? ¿el sabio al que podemos preguntar?, simplemente no comprendemos y nuevamente me refiero a la vida y la muerte, los más grandes misterios que nos acontecen. Muchos atribuyen todo a un poder superior y benevolente que tampoco logramos entender del todo.

Nosotros, pobres mortales indefensos ante lo desconocido, que no podemos, o no queremos ver más allá de los que nuestros imperfectos ojos nos muestran y que desde el fondo de nuestro corazón, deseamos insaciablemente que esa visión provenga de la fuente poderosa que todos llaman Dios, logramos sentir y detectar raras presencias, y pensamos y nos preguntamos de dónde nacen esos sentimientos, que algunos logran tornar en fugaces imágenes incomprensibles e inexplicables que en ocasiones nos aterrorizan.

Nuevamente el misterio asoma su rostro, extiende sus alas y vuela, alejándose de nosotros sin decir palabra.

Anhelo el día en que lo atrapemos al vuelo y descubramos por fin que se esconde más allá de lo inimaginable.

Dedicatoria

Para todos mis amigos...

Amigo, nos conocimos ya hace algunos años, desde que comenzamos a juntarnos, a hablar, a compartir gustos y desagrados, algo invisible entró en nosotros formando un lazo muy especial que ha seguido uniéndonos todo este tiempo, aunque pasa mucho sin que sepamos uno del otro, quiero decirte que siempre te llevo en mis pensamientos, siempre estas ahí cuando lo necesito aún sin saberlo. Eres una de las pocas personas que saben escuchar, por lo menos a mi, sin importar que resulte en largas pláticas aburridas, eso lo agradezco infinitamente y lo valoro, (procuraré no hacerlo tan seguido... es una promesa). Después de varios años hemos cambiado bastante, por diferentes circunstancias, alegres o incluso trágicas, con cada encuentro trato de reconocerte y descubrir que dentro de ti aún vive mi gran amigo y cómplice de situaciones absurdas. Por más que los años pasen, siempre buscaré un momento para pensar en ti y en nuestras divertidas experiencias de estudiantes. No sé porque te convertiste en una de mis personas favoritas en este mundo, sólo tuve que conocerte un poco para saber que vivirías en mi siempre. Espero que me sigas permitiendo ser testigo de tu camino por la vida y que nunca me olvides, porque yo no te olvidaré jamás.